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viernes, 23 de marzo de 2012

Neymar será jugador del Barcelona


Según informa la Cadena Ser, el FC Barcelona ya ha pagado 14 millones para que Neymar llegue en junio de 2014. Informan que recientemente un club importante ha sondeado la posibilidad de su contratación y una persona del entorno más próximo del jugador avisó: "No os molestéis. Está fichado por el Barcelona".

Sandro Rosell ha ganado el pulso a Florentino Pérez en el fichaje del crack brasileño delSantos, Neymar será jugador del FC Barcelona en junio de 2014. Según informa la Ser, el agente del jugador, Wagner Ribeiro, intentó hasta el último momento que fichara por el Real Madrid pero el jugador y su padre preferían el Barça y ese será finalmente su destino.

La SER asegura que según algunas fuentes muy fiables el Barça ya habría pagado una cuarta parte de los 58 millones de euros fijados por el Santos para el traspaso del jugador (14.5 millones de euros) para garantizarse su llegada y evitar más intromisiones del Real Madrid o del cualquier otro club y un posible encarecimiento del traspaso. La fecha de llegada del brasileño al FC Barcelona sería en verano de 2014 (después del Mundial de Brasil) aunque hay opciones que sea un año antes.

El Barcelona habría firmado un acuerdo con el Santos por el que se comprometería a pagar 58 millones de euros y habría adelantado un 25 por ciento del total. Según la SER, un club intentó acercarse al Santos en los últimos días y la respuesta de este fue que el jugador había sido vendido al Barcelona. Fuentes del club azulgrana niegan que exista el acuerdo y que haya adelantado dinero por el crack brasileño.

De confirmarse la noticia, la pareja Messi - Neymar podría hacerse realidad este verano, aunque todo apunta que sería al año siguiente. Con Leo Messi como principal referente del equipo, el objetivo pasa por rodearlo de los mejores jugadores del momento y Neymar es sin duda un candidato perfecto. Con sólo 22 años, el jugador brasileño quema etapas a pasos agigantados y su último "hat-trick" en la Copa Libertadores da buena fe de ello.

Camp Nou






El Camp Nou, a menudo también citado erróneamente como Nou Camp, es un recinto deportivo ubicado en Barcelona, España. Es el estadio del Fútbol Club Barcelona. Cuando el estadio estaba en construcción, por los años 50, iba a llamarse “Estadio Joan Gamper”, pero la iniciativa no se llevó a efecto. Se rumoreó que el entonces presidente del Barcelona, Francesc Miró-Sans, estaba ilusionado con que el estadio llevara su propio nombre, como en el caso del Bernabéu en Madrid. Los problemas de la última fase de la presidencia de Miró-Sans reafirmaron el nombre que popularmente había empezado a dársele, Camp Nou. En el momento de su inauguración, en 1957, fue bautizado simplemente como Estadio del F. C. Barcelona. No fue hasta el año 2001 en que se adoptó oficialmente el nombre actual, que es la denominación con la que popularmente siempre ha sido conocido.

Con su capacidad actual de 99.354 espectadores se trata del estadio con más capacidad de Europa y el sexto del mundo. La capacidad del estadio, sin embargo, ha sufrido diversos cambios, debido a las diferentes ampliaciones que se han hecho. Inicialmente, en 1957 cabían 93.053 espectadores, cifra que llegó hasta los 120.000 en 1982, coincidiendo con la celebración del Mundial de fútbol. Posteriormente, en aplicación de la normativa que obligaba a eliminar las localidades de a pie, el aforo se situó, a finales de los años 90, en la raya de los 98.000 espectadores.

El 12 de enero de 1998 fue catalogado como estadio categoría elite por la UEFA, siendo el primero de España en conseguir dicha categoría. Es también, por tanto, el estadio con mayor capacidad de los catalogados con categoría 4 según la UEFA. Está situado en la avenida Arístides Maillol, en el distrito barcelonés de Les Corts, muy cerca de la Avenida Diagonal, una de las arterias principales de Barcelona.

El proyecto Foster

En septiembre de 2007, coincidiendo con el 50 aniversario de la inauguración, el club entonces presidido por Joan Laporta anunció la puesta en marcha de un proyecto de remodelación para poder afrontar las necesidades actuales. Para lograr el objetivo, se organizó un concurso internacional, donde más de 80 gabinetes de arquitectos de todo el mundo presentaron sus proyectos. El jurado fue integrado por representantes del club, el Ayuntamiento de Barcelona y el Colegio de Arquitectos de Cataluña.

El club pidió dos requisitos básicos:

  1. Respetar la estructura original del Camp Nou (data del 1957)
  2. Que tuvieran la menor duración posible y fueran compatibles con la celebración de partidos en el estadio para evitar molestias a los socios.

El 18 de septiembre de 2007 fue elegido ganador Foster and Partners, con una propuesta inspirada en el trencadís de Antoni Gaudí, que preveía revestir el exterior del estadio a base de paneles con colores del club (azulgrana) y de la señera catalana (rojo y amarillo). El proyecto contemplaba, además, un estadio "más moderno y confortable" y la ampliación del aforo en 10.000 localidades. El presupuesto inicial fue de 250 millones de euros.

La maqueta con el proyecto ganador fue presentada ante el público por primera vez durante los prolegómenos del partido Barça-Sevilla del 22 de septiembre de 2007, y posteriormente expuesta en la segunda planta del Museo del FC Barcelona.

El proyecto quedó en suspenso durante tres años, a la espera que el Ayuntamiento de Barcelona aprobase la recalificación de los terrenos adjuntos al Camp Nou. A pesar de obtener finalmente luz verde, con la llegada a la presidencia de Sandro Rosell, en 2010, el proyecto de Norman Foster quedó desestimado. La nueva junta apostó por reformas y mejoras puntuales del estadio, así como una remodelación integral de su entorno para crear el llamado Espai Barça

miércoles, 21 de marzo de 2012

Manita contra Mourinho







Visto desde la perspectiva del madridismo, la goleada del Barcelona servirá para aclarar la situación y los términos. Nada ha ganado el Madrid todavía y nada Mourinho desde que llegó. Las medallas de otras guerras no cuentan aquí. Esta evidencia debería ser suficiente para rebajar la expectativa del madridismo y el tono del entrenador, que sólo es tolerable (y ya cuesta) si llueven las copas del cielo. La realidad es la que es. Si hablamos de la Liga, las únicas conclusiones válidas se sacan en la comparación directa con el Barcelona y si nos referimos a lo demás, los exámenes finales no se convocan hasta primavera.

La divinización, por tanto, estaba fuera de lugar. El Madrid ha progresado como equipo y la mejora es obra de su entrenador, sin duda, pero el Barcelona y Guardiola aún quedan muy lejos. Si la brecha se nos hace mayor es porque al Barça, además del fútbol, le siguen asistiendo la moral y la estética. También contra esa comparación permanente debe enfrentarse el Madrid y sospecho que al verse en contacto con esas virtudes los jugadores se sintieron profundamente frustrados, especialmente Sergio Ramos, expulsado por una patada absurda a Messi.

El resultado es desconcertante por inesperado. El Madrid más en forma de los últimos años presentó menos batalla que el de Pellegrini o el de Juande Ramos. Mucha menos. El Madrid más ambicioso de los últimos tiempos fue un trapo en manos del rival. Fracasó el equipo, fracasaron sus estrellas y, sobre todo, fracasó el entrenador que lo centraliza todo, al que se puede criticar el sistema, la motivación y su propia indolencia durante el partido. La progresión se interrumpe dramáticamente y sólo el sábado, contra el Valencia, sabremos si la derrota deja secuelas.

La primera parte ya marcó el guión y el partido no salió de ahí. Salvo momentos muy aislados, más de confusión que de fútbol, el Barcelona bailó al Madrid. De inicio sucedió lo último que podíamos imaginar: que el equipo de Mourinho saltara al campo totalmente desapasionado. Mientras el Barça movía el balón, el Madrid miraba. Adelantaba su línea de defensa siguiendo un plan teóricamente valeroso, pero miraba. Mientras el planeta sentía la nerviosa expectación de un Fin de Año, el Madrid no veía más que una lluviosa noche de noviembre. Y no podía imaginar nada mejor el barcelonismo. No había sofocos para sus centrocampistas, ni la presión que hace un año estuvo cerca de asfixiar al Barcelona. Sólo había orden, estricto, cartesiano y mediocre.

Laxos.

Con esa laxitud, los goles del Barça fueron una simple cuestión de tiempo. Por bien colocado que estés, ese equipo te va moviendo con su juego hasta que se te caen las monedas. Y por si el sistema fallaba, en previsión de un agobio que no llegó, Guardiola planeó pases largos en busca de la espalda de los defensas madridistas. A eso se le llama atacar por tierra y por aire.

Un centro de Cristiano desde la derecha, sin rematador a la vista, fue el primer acercamiento del Madrid y describió los problemas del visitante para incorporarse con suficientes efectivos. Ni acompañaba Benzema, pesado como el tronco de una secuoya, ni se sumaban los centrocampistas, especialmente Khedira, al que se trajo para esto y no aporta nada. Messi fue más explícito. Controló un balón en el área contraria e intentó un gol digno de Maradona, balón pellizcado con el interior hacia la segunda escuadra. La pelota se estrelló en el palo y anunció lo que estaba por venir.

A los nueve minutos marcó Xavi. El Barcelona fue limpiando líneas y ganando metros, porque lo suyo no es dominar, sino invadir. Así se explica la situación de Xavi cuando lo encontró Iniesta. Era un organizador que irrumpía en la posición de un delantero centro. Fútbol total, aquella maravillosa rotación que se inventó en Holanda hace 40 años y que el Barça y la Selección han pulido hasta la perfección. Si Xavi tuvo suerte en la realización poco importa, el mérito era otro y ya estaba cumplido.

El Madrid empezó a dar señales de vida, pero el pulso seguía bajo. Di María tuvo un arrebato y calentó los guantes de Valdés. Cristiano buscó a Benzema con un pase magnífico, pero la jugada retrató la exasperante lentitud del delantero y su marcador, Abidal. Era algo, pero no cambiaba la fisonomía del equipo, inexplicablemente tristón.

Los primeros olés se escucharon en el minuto 16 y el Barcelona volvió a marcar en el 17. Xavi abrió a la derecha, Villa retó a Sergio Ramos, le venció en la carrera y su pase, tocado por Casillas, quedó a merced de Pedro. Bien hilado, pero demasiado fácil para hacérselo al Madrid.

Barullo.

Para que no faltara de nada, a la media hora se formó un revuelo que luego minimizó el fútbol. Cristiano quiso tomar la pelota que sostenía Guardiola en su mano y, como el entrenador la lanzó lejos, el portugués le empujó. Fue un mal gesto de ambos y no lo mejoró Guardiola al fingir que el futbolista le había tocado la cara. Lo demás fue la representación habitual de estos barullos: los más malvados queriendo poner paz y los inocentes zarandeados.

Y hasta hubo un penalti no señalado. Cristiano lo reclamó en los últimos minutos de la primera mitad y pareció claro. Valdés llegó tarde y arrolló al delantero, que acabó por desesperarse. Se entiende: le sigue faltando un gran partido ante un gran rival. Y pasa el tiempo.

Messi, con dos asistencias, no necesitó de los goles para brillar. Esta vez los marcó Villa, quizá motivado por las insinuaciones que Mourinho hizo en su día. No conviene sembrar vientos.

La segunda mitad hizo más grande la herida. El Madrid adelantó aún más su defensa y se entregó a una ruleta rusa que le dejó a merced de los pases en profundidad del Barça. Y allí los fabrican en serie. Xavi, Iniesta, Messi. Villa marcó el tercero rozando el fuera de juego y el cuarto sin discusión. El Camp Nou, excitado por la proximidad de la manita, empezó a cantar "¡Mourinho vete al teatro, Mourinho vete al teatro!".

El quinto lo marcó Jeffren, también al límite del fuera de juego, aunque ahora dé cierto rubor apuntar estas cosas. Fue la culminación de una goleada para la que rescatamos un sabio consejo: después de todo, mañana seguirá siendo miércoles.